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domingo, 26 de junio de 2011

Güerrín

Corría el siglo XVII en Nápoles, Italia, cuando un genio, del cual desconocemos el paradero, creó una de las recetas culinarias más típicas el mundo: la pizza. Cuentan los historiadores que por la fascinación que generaba al monarca Fernando I, su mujer generó un decreto para prohibirla por un tiempo. Obviamente, con el paso de los años esta receta llegó a diversos panaderos que se transformaron en maestros de esta creación y comenzaron a surgir diversas pizzerías. Hoy en día, es una de las comidas preferidas de muchos en el mundo entero. Las recetas son variadas dependiendo de cada pizzero, pero la realidad es que hay solo dos clases de pizzas: buenas o muy malas.
   En Buenos Aires hay miles de locales pero no todas tienen la calidad suficiente para ser una gran pizza. Luego de probar cientos de ellas descubrimos a lo que a nuestro entender es una de las mejores: Güerrín.
   Situada en el corazón de la Avenida Corrientes, este local creado por el genovés Franco Malvezzi en el año 1932 surgió con la idea de ser una pizzería basada en la calidad del producto. Y vaya si lo consiguió. No importa qué día de la semana sea, Güerrín está siempre abarrotado de gente, y si no nos creen, compruébenlo por ustedes mismos. Sobre todo por la noche, porque se sabe que la calle Corrientes nunca duerme, cuando las obras de teatro terminan la gente busca una buena pizza y sabe dónde conseguirla.
   En la planta baja hay una mesada para comer de pie, para aquellos que están muy apurados y no les molesta compartir la comida con desconocidos. Obviamente, también hay mesas para quienes prefieren estar más cómodos. La ambientación, lejos de quedarse en una ambientación antigua, tiene un aire a los locales americanos con paredes blancas y sillones amplios.
   El edificio cuenta con dos pisos más, que son una suerte de entre piso, y una planta

sábado, 21 de mayo de 2011

La Churrasquita


Llega la noche y la calle Corrientes se llena de gente. Algunos se convertirán en espectadores; otros, serán comensales de algún lugar que los haya atraído o donde simplemente, encuentren lugar.
   A dos cuadras del Obelisco está La Churrasquita, un lugar donde se puede comer y salir satisfecho con la elección. A veces es difícil conseguir una mesa sin haber hecho reserva, pero el tiempo de espera lo vale. La recepción es amena.
   La ambientación del lugar es agradable. Los espacios entre mesa y mesa son considerables, un alivio para no tener que convertir un desafío levantarse e ir al baño. En las paredes hay distintos cuadros que se encuentran a la venta. Cada uno de ellos indica el nombre del artista y el número de teléfono en caso de que exista interés por el mismo.
   Los baños son lindos y tienen un espejo grande, además del que corresponde al lavatorio,punto a favor. La limpieza no es constante, pero el olor no es desagradable como en la