Como bien se publicita, Checa es una restaurant y es también, un bar. Está ubicado en el corazón un floreciente corredor gastronómico en el centro de Ramos Mejía. La propuesta aparece como una fusión heterogénea que articula componentes de mar y de tierra mediante platos de tradiciones lejanas: oriental y europea. Sumado a eso, cuenta con una respetable carta de vinos y una amplia variedad en coctelería clásica y de autor, entre la que se destacan las preparaciones moleculares.En primera impresión, la fachada del local genera la duda de que se trate de un salón de fiestas, pero ya deja ver que es una casa de años ’50 recuperada; en el interior la idea se confirma. Sin embargo, está claro que la intensión no fue, cuando se armó Checa, hace 6 meses, acoplarse a la moda de antiguas casa recicladas. En este caso, se mantuvieron ciertas estructuras originales, pero sin conservar completamente la distribución de habitaciones, dejando un salón amplio. Cortinas de terciopelo; bancos y bajo barra en cuero capitoné; sillones de cuero, unos negros y modernos y otro clásico de color rojo; barra de porcelanato negro; mesas y sillas de madera; luces de led y techo con aislante acústico, dan a entender el ingreso a un espacio cuidado, moderno y elegante.
La carta de comidas se divide en dos partes conceptuales. La cocina más tradicional podría denominarse italofrancesa, por un lado, de carácter mediterranea, pastas y risottos acompañados con mariscos y frutos del mar, por el otro, carnes magras y aves rellenas con